José Abelardo Quiñones

José Abelardo Quiñones es considerado un héroe de la aviación, una de las personas más importantes en el territorio peruano. Además de considerarse un personaje ilustre, de esos de los que siempre se recuerda y se habla. Su historia es digna para estudiarse y analizarse, ya que este personaje formó parte de algunos momentos importantes para la nación.

Sus primeros pasos

Nació en el puerto de chiclayano, ciudad de Pimentel el 22 de abril de 1914. José Abelardo fue fruto del amor de José María Quiñones Arizola y María Juana Rosa Gonzales Orrego. Sus primeros pasos dentro de la educación, los dio en el colegio nacional San José de Chiclayo.

Posteriormente, pasó por dos centros académicos, el primero de ellos era el Sagrados Corazones Recoleta y Nuestra Señora de Guadalupe de Lima. Una vez terminó sus estudios, Abelardo se vio envuelto en un dilema y conflicto familiar.

Su pasión desde niño fue el mundo militar, pero sus padres no querían que ingresara. Sin embargo, sus sueños de ser un militar y sus ganas lograron vencer aquella oposición familiar. Es así que, para 1935, ingresa a la Escuela Central de Aviación, denominada Jorge Chávez.

En la misma, ingresa como cadete de primer año, y se alista desde el inicio para ser uno de los mejores.

Los primeros pasos en la aviación

Cuatro años más tarde, para 1939, José Abelardo egresa de la Escuela Central de Aviación como alférez de aeronáutica, el acto respectivo se llevó a cabo el 21 de enero de 1939. Este acto no solo se basó en graduar a todos los egresados de la promoción de Quiñones, sino para premiar a este con el “Ala de oro” por ser el mejor piloto de caza de su promoción.

Por si fuera poco, fue José fue el primer cadete que realizaba un “looping invertido” lo que dejó más que impresionados a todos en la escuela. Como dato curioso, su promoción llevó el nombre de Comandante José Raguz.

Piloto nato

Desde niño, los aviones y el mundo militar llamaron la atención de José Abelardo, pero no fue hasta que ingresó en la Escuela Central de Aviación que pudo colocar en práctica todo aquello que soñaba.

Para ser un cadete de primer año, se desenvolvió de maravilla, lo que deja en evidencia que la aviación la llevaba en la sangre y era un piloto nato. Es así que el “looping invertido” una maniobra acrobática que consiste en que el avión asciende y realiza un plano vertical, fue hecho a la perfección por Quiñones.

Otra de las piruetas que realizó fue la de “tanneaux verticales” la cual consideraba en girar en su eje de tracción mientras sigue su destino de manera vertical. Sin embargo, José Abelardo no solo destacó en sus prácticas de aviación, sino también en los deportes.

Es así que logró destacar en el equipo de básquet de la escuela. Durante todos los años que duró allí, se formó como un piloto con principios y valores, sin dejar de lado la parte teórica y dándole la importancia necesaria a la práctica, es de esta manera que logró el equilibrio que necesitaba.

El campo profesional

Una vez egresó de la escuela, fue enviado a Ancón, lugar donde se encontraba el escuadrón número 4. En este lugar duro solo unos meses, ya que, para junio de 1939, se trasladó nuevamente a Las Palmas.

Su estadía duró poco, debido a que, un tiempo después le llegó la orden de traslado a Chiclayo, para formar parte del escuadrón de caza, este era el primer grupo aéreo que se establecía en esta ciudad. Este sitio fue su hogar durante dos años.

Para 1941, Quiñones fue ascendido a teniente de aeronáutica, lo que desencadenaba mayor autoridad y mando, pero también, mayores responsabilidades. Este año se desató un conflicto con Ecuador, quienes ingresaron al territorio peruano violando la soberanía nacional. Pero en el transcurso de un mes, fueron derrotados en cada uno de los frentes de lucha.

En este conflicto, que fue incentivado por el poder y la ambición, murieron muchos militares y tenientes, no solo ecuatorianos, sino también peruanos.

El fin de un héroe

En el conflicto, Quiñones tuvo un gran protagonismo. Desde tomar fotografías aéreas hasta alcanzar zonas fronterizas para visualizar al enemigo. Sin embargo, de esta misión no salió ileso. El 23 de julio de 1941, su avión despegó con rumbo a la frontera, y con el único objetivo de proteger su territorio y la soberanía de este.

Cuando iba descendiendo para atacar, su avión fue alcanzado por el fuego enviado por el enemigo. La mayoría de sus compañeros esperaba que utilizara su paracaídas para salvarse, no obstante, Quiñones decidió cambiar su destino al territorio enemigo. Evidentemente, su avión se encontraba desecho, además de que el fuego era lo único que lo envolvía, por lo que el daño era inminente, lo que llevó al piloto a estrellarse.

José Abelardo siempre coloco como una prioridad su nación, su amor por la patria y su amada profesión. Quizá si hubiese preferido utilizar el paracaídas no hubiese muerte, pero él prefirió seguir en su avión y con valentía recibió su fatídico destino.

El legado

Al día siguiente de su muerte recibió una conmemoración y de manera póstuma fue ascendido al grado de capitán por muerte heroica en acción de armas. No fue hasta el 19 de octubre del mismo año que sus restos se entregaron al cónsul de Perú en Guayaquil.

20 años más tarde fue que trasladaron sus restos al mausoleo de Las Palmas, allí reposan junto con un trozo del avión. Aquel 23 de julio de 1941 fue un día fatídico par José Abelardo, pero también uno donde afrontó como un hombre valiente su destino.

Por eso, este día ha sido declarado como el Día de la Aviación Militar del Perú, pero eso no es todo, la promoción 42 de la Fuerza Aérea peruana lleva su nombre, al igual que, el aeropuerto de Chiclayo. Sin duda alguna José Abelardo Quiñones se desempeñó como todo un héroe hasta el último momento.

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